A fines del siglo XIX, con la llegada de migrantes japoneses al Perú a bordo del Sakura Maru, un joven japonés dejó atrás no solo su tierra, sino también su nombre. En busca de un nuevo comienzo, se estableció en Rodríguez de Mendoza, donde una familia le dio su apellido y pasó a ser conocido como Dionisio Portocarrero Arista. Allí comenzó toda esta historia, con el café como protagonista de su vida.
Dionisio Portocarrero Arista, casado con su mejor amiga Clotilde Ocampo Guzmán, dejan Rodríguez de Mendoza y migran hacia San Martín junto a sus 4 hijos, llevando semillas de café y cebollón como símbolo de esperanza. Pasan por Rioja, pero al oír de mejores oportunidades continúan hasta Moyobamba, donde se establecen, construyen su hogar y siembran el inicio de su nueva vida; su hija Enma Portocarrero Ocampo que llega con 14 años, continuaría el legado familiar del café.
Fallecen Dionisio P.(1942) y Clotilde O.(1948), dejan a Enma P.O., quien hace del café el sustento familiar vendiéndolo en el mercado central a 0.5 céntimos. En 1952 queda embarazada, lamentablemente queda viuda. Forma una nueva familia y en 1958 nace su hija, Reynalda Domínguez Portocarrero, quien continuaría el legado. A los 11 años, Reynalda ya ve cómo el café se vende a 30 céntimos; y a los 14, tras perder a su padre (1969) y a su madre (1972), continúa en el rubro de la venta, abriendo una nueva generación.
Alberto Prada Rodríguez, nacido en Lluyllucucha (1964), se dedica desde 1975 al cultivo de café, arroz y más. Conoce a María Linarez Domínguez, con quien se casa en 1990 y fortalece su trabajo en el campo. En 1992 adquieren su primer camión para transportar sus productos. Con el tiempo, Alberto se aleja del café por la volatilidad del mercado y la falta de capacitación, y recuerda la frase de su abuelo, Don Ricardo Linarez: 'A chacra voy, de chacra vengo y nada tengo', esta frase inspira al nacimiento de Grain and Grains: enseñar, dar valor y reconocer el esfuerzo del agricultor.